Mostrando entradas con la etiqueta intolerancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta intolerancia. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de julio de 2012

¿Qué marca a los peruanos?

Hace unos días apareció la nueva campaña Marca Perú. Una persona en el año 2032 recibe, de sí mismo, un video que realizó en su juventud cuando visitaba el Perú. El spot dirigido al mercado internacional apela, a mí entender, al encanto que tiene el Perú: un lugar donde viviste momentos mágicos, felices; donde fuiste pleno y libre.
¿Eres feliz? Recuerda que en Perú lo fuiste. Un concepto potente y memorable.

Hasta donde se ha revelado, la campaña tendrá motivos en diversos idiomas y se presentará en países como Brasil, Argentina, Estados Unidos, España, Francia, Alemania y China. La campaña trabaja conceptos poderosos como la felicidad y la libertad. Sin embargo, los comentarios a favor y en contra no se han hecho esperar- incluyendo parodias.
Algunas de las parodias que circulan en la web.
En lo personal la campaña me agrada porque continua desarrollando un elemento importante: “Peruano/a siente orgulloso de serlo” y eso en un país tan acostumbrado a decir bajito, a regañadientes y con miedo (al estigma) “soy peruano” me parece admirable y repetible. El Perú ha cambiado radicalmente, ya no hay más Sendero, ni coches bomba como refiere Patricia del Rio en su artículo “Cinco años después” vale leerlo es ESPECTACULAR (05 de julio del 2012)
No obstante, el problema que veía en la campaña anterior, y sigo viendo en ésta, es que al final me quedo solo con “me gusta” (on line) y tengo poca capacidad de hacer cosas en el off line para sentirme parte activa de un movimiento que debe despertar en mí más de una forma de sentirme peruano.


Milton Vela en Café Taipá, ya había trabajado el tema y creo que sus apreciaciones, especialmente las referidas al público objetivo, siguen siendo válidas y aún no resueltas.
A pesar de ello, la campaña va al mercado externo y podríamos decir que este problema podría trabajarse más adelante. En efecto. No obstante, hay un punto medular que considero no se ha tomado tan en cuenta: ¿la marca puede sustentar lo que promete?
¿Puedo prometer una experiencia “inolvidable” si llegó a este país de ensueño y veo los paros de Cajamarca, las paralizaciones y huelgas? ¿Me he preocupado de brindar la infraestructura necesaria para que el turista quiera regresar? ¿El lugareño dejó de lado esta idea de “exprimir” al turista? ¿Dejó la cultura “Pepe el vivo” para cobrar de más en el taxi, hospedaje y la comida porque el turista puede pagar más?
En algunos viajes a provincias he visto esto con 0.50 céntimos versus un dólar.
De otro lado, algunos sostienen que lanzar esta campaña en este preciso momento- donde hay conflictos medioambientales, y algunos critican la veracidad de la promesa del presidente de “Conga no va” -es una muestra de “insensibilidad”. Al margen de lo que uno pueda opinar, lo fáctico es que muchos turistas no solo revisan las páginas de turismo; también observan qué sucede en el país que visitarán y las portadas de los diarios realzan el número de muertos por el paro de Cajamarca y la violencia que se está viviendo en el país.
¿Un “mal momento” para promocionar el país? ¿Las muertes por Conga y el problema minero pueden mellar la imagen internacional?
De otro lado, algunos sostienen que lanzar esta campaña en este preciso momento- donde hay conflictos medioambientales, y algunos critican la veracidad de la promesa del presidente de “Conga no va” -es una muestra de “insensibilidad”. Al margen de lo que uno pueda opinar, lo factico es que muchos turistas no solo revisan las páginas de turismo; también observan qué sucede en el país que visitarán y las portadas de los diarios realzan el número de muertos por el paro de Cajamarca y la violencia que se está viviendo en el país.

La última campaña presidencial mostró el lado más visceral y pobre de muchos peruanos. Aún no cambiamos

Al parecer solo es necesaria una chispa pequeñita para incendiar la pradera llamada Perú, donde su gente (el atractivo más valioso) no se tolera, no se respeta, no se comprende, no se mira como igual o por lo menos no desvaloriza al otro. Para algunos los que no apoyan esta campaña son antipatriotas, insatisfechos o que buscan el atraso del país; para otros, aprobarla es ser insensible, poco consciente de lo que pasa, mercantilista, etc.
La intolerancia e invisibilización de los problemas del otro es lo que se está volviendo nuestra marca país.
Si todos queremos hacer patria empecemos por el respeto hacia el otro, pensemos que podemos ofrecer más que una exquisita y variada comida o lugares de ensueño; pensemos que en el 2032 nuestra gente puede y debe ser otra. Desde la independencia se sigue viendo al poblador del ande como bruto, al negro como ladrón y al blanco como decente. Estamos en la marquesina del mundo, apostemos por mejorar a nuestra gente empezando por uno mismo. Yo también quiero hacer patria más allá de un like (me gusta).  

viernes, 30 de marzo de 2012

Otro ladrillo en la pared…sí importa

Hace unos días las noticias dieron cuenta de la muerte Daniel Zamudio, a causa de la brutal golpiza propinada por un grupo de neo nazi que lo atacó porque era homosexual. En su barrio, en la capital Santiago, en el mundo (a través de las redes sociales) se dieron distintas muestras de manifestación en contra de la intolerancia y el odio.
En Lima, hemos observado los casos de tres mujeres agredidas o asesinadas por sus parejas. Un portal de noticias  publicó las “declaraciones” de una ONG sobre la aparición de un transgénero en el horario de protección al menor. La ONG desmintió y aclaró la tergiversación que hizo el medio de sus declaraciones a través de un comunicado.  
Educamos a nuestros hijos diciendo “nadie debe tocarte ni golpearte”, pero “cuando es necesario” les damos una palmada, pellizco, un golpe “correctivo”. En silencio decimos “qué salvaje”, “pobre criatura” o “la madre tiene razón”. Luego vemos en las noticias que a una madre “quemó las manos, la cara o golpeó a su niño/a” su excusa “se me pasó la mano, es muy inquieto, quería corregirlo”.
Cada día aumentamos las cifras de los ataques contra ciudadanos, y no protestamos ante ello. De una u otra forma somos parte de los intolerantes.
Todas estas situaciones tienen un mismo punto de partida: la educación. No es un secreto que nuestra educación tiene varias carencias como los bajos sueldos de los profesores, mala infraestructura, poco compromiso de los padres, la poca preparación en temas como inclusión, sexualidad, la desidia política de los gobiernos de turno y del gremio de educadores (SUTEP) y un larguísimo etcétera. Sin embargo ¿Cuánto de esto nos toca a nosotros como individuos?   
La carta redactada por el blogger Felipe Mercado, sobre la muerte de Daniel Zamudio, nos golpea en la cara; nos enrostra nuestro grado de culpabilidad, nuestro silencio cómplice, nuestra intolerancia- al margen de toda la culpa que tienen los políticos populistas, las iglesias conservadoras o la educación poco inclusiva.
Femicidio, homofobia. A la larga hablamos de poder, de control. Nuestra sociedad se está volviendo cada vez más caradura y doble moral en su discurso.
La educación empieza en casa, se asienta en la escuela y se perfecciona en la universidad o instituto. Pues bien hagamos un ejercicio: ¿Cuántas veces en casa nos hemos reído de personajes que usan los estereotipos del homosexual “loca” o de la lesbiana “machona”? ¿Cuántas veces hemos acosado al débil, al distinto/a en el colegio? ¿Cuántas veces le hemos tirado la pelota para evitar sufrir el ataque nosotros/as? ¿Cuántas veces no hemos enseñado a nuestros alumno/as a mirar la comunicación (publicidad o periodismo) de manera efectista y sensacionalista?  ¿Cuántas veces no les hemos invitado a mirar más allá de su público objetivo, de educar, de mirar críticamente qué tipo de avisos o reportajes producen? ¿Cuánto la pedimos que se informen (a conciencia) sobre el tema y sus aristas? ¿Cuánto nos hemos informado nosotros?
La educación sigue siendo la gran promesa. Sin embargo, pensemos, desde nuestra propia trinchera, cuánto contribuimos a perpetuar estos estereotipos, a la intolerancia, a la desinformación, a la broma fácil, al reportaje sensacionalista o la campaña publicitaria que perpetua situaciones de violencia, bulliyng o machismo.
“Repite, ignora, obedece”. Este video plantea la gran pregunta del tipo de educación que queremos tener.
Ciudadanos somos todos y todas. Todos podemos, y debemos, exigir mejoras y cambios. Todos tenemos el poder de apagar un televisor, negar nuestra sintonía a un programa por su tipo de humor, no comprar una marca, no seguir un canal de TV, radio o prensa por su estilo de reportajes. Una raya más o un ladrillo más en la pared sí importa cuando esa raya es nuestro hermano, amigo o hijo; pero cuando es un desconocido solo sube un poco nuestro nivel de enfado, quizá vociferamos a la tribuna…y continuamos con nuestra vida, con nuestra costumbre riendo con el mismo programa, viendo el mismo tipo de noticias, enseñando el mismo estilo de producir mensajes…porque es fácil, porque no nos cuestionamos, porque no nos toca. Un ladrillo más en la pared señores sí importa porque el muro se vuelve cada vez más grande y nos caerá encima; aplastando nuestros cuerpos o nuestras mentes (como ya lo viene haciendo)