martes, 31 de julio de 2012

No tienes derecho a violarme

La Oficina Nacional para el Movimiento de Crisis por Violación en Escocia (Rape Crisis Scotland) ha desarrollado una campaña fuerte y sugestiva que quiero compartir con ustedes. Apunta a mitos e ideas que siguen circulando muchas sociedades: “existen algunas acciones que justifican la violación de hombres hacia mujeres” 
La campaña Esta no es una invitación a violarme apunta a cuatro situaciones donde, en teoría, muchos varones, mujeres y sociedades, han encontrado la justificación para violentar mujeres: La ropa provocadora, el bar, las relaciones de pareja y la intimidad.
Si te vistes así seguro quieres que te violen pues
Muchas mujeres deben cuidarse, no por voluntad propia, del tipo de prenda que usan. Dependiendo del caso, las miradas de los varones sobre ellas (y los “piropos”) serán parte de la rutina de ese día. Como me decía una amiga “así te vistas como chimultrufia por ser mujer te desvisten con la mirada”.
No seremos puritanos muchas veces los ojos se mueven, a veces sin voluntad, por una prenda que realza la belleza de una mujer. Y las mujeres también nos miran a los varones- eso creo que es claro. Sin embargo, algunas personas “justifican” la violación porque “ella, me provocó al salir vestida así”. Lo peor es cuando las autoridades (hombres y mujeres) le dan la razón al atacante; sermoneando a la víctima porque “una mujer decente” no se expone así en público.  
Así se vista con un burka (traje musulmán que cubre a la mujer de pies a cabeza), habrá personas que fantasearán y llevarán estas ideas a la práctica; y ante ello no hay justificación que valga: ES UN DELITO.

Salir a la calle y no tener miedo es un derecho
Para que toma y no se cuida
Una de las situaciones más comunes, retratadas en películas y series, es que si una chica bebe licor, y se le pasa la mano, “todo lo que pueda suceder es su culpa; porque ella lo busco”. Si a un hombre lo asaltan es mala suerte, pero ella no solo debe pensar en la posibilidad del asalto; casi en automático es la violación. El bar suele ser considerado, en muchos grupos, un espacio de “varones”.
Aún sigue pensándose que ella “necesita” un hombre para divertirse. Muchas mujeres se divierten solas, pero el hecho de verlas tomar, lleva a muchos varones a pensar que existe la posibilidad de tener una relación sexual (por los efectos desinhibidores del alcohol), y aunque diga no; en el fondo es sí.
Beben porque quieren no para ser violentadas.
Si ya empezaste no me vas a dejar con las ganas
Imaginemos que tenemos la oportunidad de pasar de unos besos a algo más. Hemos llegado a esa conexión adrenalínica que será el preámbulo de una noche de pasión. Sin embargo, ella tiene miedo, no está segura, la pasión baja y dice…”mejor lo detenemos aquí”.
Está en todo su derecho decir NO, y haberse “alborotado mutuamente” las hormonas no significa que deban continuar con el siguiente paso. Algunos varones lo comprenden, y saben que eso no “mella” su masculinidad; es más los hace dominadores de sus propios impulsos. Otros, por el contrario, sienten que es una afrenta, que se han burlado de ellos, y “una mujer no debe burlarse de ellos”. Hay historias donde el ataque viene precisamente porque la chica tuvo estos juegos previos; luego se arrepintió y el atacante decidió continuar pensó que ella, en el fondo, "sí quería tener relaciones”.
NADIE debe forzar a otra persona a hacer lo que no quiere.
Eres mi pareja y debes cumplirme
Uno de los casos más terribles es cuando la violencia sexual se da en las relaciones de pareja. Muchos hombres consideran que su pareja “está en la obligación de cumplirle sexualmente” Claro si llega ebrio, tiene una amante, o no es un buen día, pero él quiere pues ni modo hay que acatar; y si no se obliga porque es mi derecho.
Las estadísticas de feminicidio del Observatorio de Criminalidad revelan que los atacantes a mujeres son sus esposos, novios, parejas o ex parejas. La violencia dentro de casa sigue subiendo; o quizá recién estemos viendo la magnitud real de casos porque cada vez más mujeres entienden que ser pareja no es ser objeto ni posesión del varón.
La sociedad y muchas religiones “avalan” estas violaciones dentro del hogar.
En Perú todavía hay mucho camino por transformar nuestra sociedad. Desde la educación, donde la moralidad de cada uno no justifique las acciones contra la persona que no piense como nosotros ni vaya con nuestras normas morales de conducta. Esta campaña muestra como la comunicación, correctamente enfocada, pueden ayudar a repensar como somos, que hacemos y hacia qué lugar y con quién queremos ir.

jueves, 5 de julio de 2012

¿Qué marca a los peruanos?

Hace unos días apareció la nueva campaña Marca Perú. Una persona en el año 2032 recibe, de sí mismo, un video que realizó en su juventud cuando visitaba el Perú. El spot dirigido al mercado internacional apela, a mí entender, al encanto que tiene el Perú: un lugar donde viviste momentos mágicos, felices; donde fuiste pleno y libre.
¿Eres feliz? Recuerda que en Perú lo fuiste. Un concepto potente y memorable.

Hasta donde se ha revelado, la campaña tendrá motivos en diversos idiomas y se presentará en países como Brasil, Argentina, Estados Unidos, España, Francia, Alemania y China. La campaña trabaja conceptos poderosos como la felicidad y la libertad. Sin embargo, los comentarios a favor y en contra no se han hecho esperar- incluyendo parodias.
Algunas de las parodias que circulan en la web.
En lo personal la campaña me agrada porque continua desarrollando un elemento importante: “Peruano/a siente orgulloso de serlo” y eso en un país tan acostumbrado a decir bajito, a regañadientes y con miedo (al estigma) “soy peruano” me parece admirable y repetible. El Perú ha cambiado radicalmente, ya no hay más Sendero, ni coches bomba como refiere Patricia del Rio en su artículo “Cinco años después” vale leerlo es ESPECTACULAR (05 de julio del 2012)
No obstante, el problema que veía en la campaña anterior, y sigo viendo en ésta, es que al final me quedo solo con “me gusta” (on line) y tengo poca capacidad de hacer cosas en el off line para sentirme parte activa de un movimiento que debe despertar en mí más de una forma de sentirme peruano.


Milton Vela en Café Taipá, ya había trabajado el tema y creo que sus apreciaciones, especialmente las referidas al público objetivo, siguen siendo válidas y aún no resueltas.
A pesar de ello, la campaña va al mercado externo y podríamos decir que este problema podría trabajarse más adelante. En efecto. No obstante, hay un punto medular que considero no se ha tomado tan en cuenta: ¿la marca puede sustentar lo que promete?
¿Puedo prometer una experiencia “inolvidable” si llegó a este país de ensueño y veo los paros de Cajamarca, las paralizaciones y huelgas? ¿Me he preocupado de brindar la infraestructura necesaria para que el turista quiera regresar? ¿El lugareño dejó de lado esta idea de “exprimir” al turista? ¿Dejó la cultura “Pepe el vivo” para cobrar de más en el taxi, hospedaje y la comida porque el turista puede pagar más?
En algunos viajes a provincias he visto esto con 0.50 céntimos versus un dólar.
De otro lado, algunos sostienen que lanzar esta campaña en este preciso momento- donde hay conflictos medioambientales, y algunos critican la veracidad de la promesa del presidente de “Conga no va” -es una muestra de “insensibilidad”. Al margen de lo que uno pueda opinar, lo fáctico es que muchos turistas no solo revisan las páginas de turismo; también observan qué sucede en el país que visitarán y las portadas de los diarios realzan el número de muertos por el paro de Cajamarca y la violencia que se está viviendo en el país.
¿Un “mal momento” para promocionar el país? ¿Las muertes por Conga y el problema minero pueden mellar la imagen internacional?
De otro lado, algunos sostienen que lanzar esta campaña en este preciso momento- donde hay conflictos medioambientales, y algunos critican la veracidad de la promesa del presidente de “Conga no va” -es una muestra de “insensibilidad”. Al margen de lo que uno pueda opinar, lo factico es que muchos turistas no solo revisan las páginas de turismo; también observan qué sucede en el país que visitarán y las portadas de los diarios realzan el número de muertos por el paro de Cajamarca y la violencia que se está viviendo en el país.

La última campaña presidencial mostró el lado más visceral y pobre de muchos peruanos. Aún no cambiamos

Al parecer solo es necesaria una chispa pequeñita para incendiar la pradera llamada Perú, donde su gente (el atractivo más valioso) no se tolera, no se respeta, no se comprende, no se mira como igual o por lo menos no desvaloriza al otro. Para algunos los que no apoyan esta campaña son antipatriotas, insatisfechos o que buscan el atraso del país; para otros, aprobarla es ser insensible, poco consciente de lo que pasa, mercantilista, etc.
La intolerancia e invisibilización de los problemas del otro es lo que se está volviendo nuestra marca país.
Si todos queremos hacer patria empecemos por el respeto hacia el otro, pensemos que podemos ofrecer más que una exquisita y variada comida o lugares de ensueño; pensemos que en el 2032 nuestra gente puede y debe ser otra. Desde la independencia se sigue viendo al poblador del ande como bruto, al negro como ladrón y al blanco como decente. Estamos en la marquesina del mundo, apostemos por mejorar a nuestra gente empezando por uno mismo. Yo también quiero hacer patria más allá de un like (me gusta).  

lunes, 25 de junio de 2012

La clave es: violencia

Hace poco han surgido denuncias sobre un juego entre adolescente varones llamado “la clave”. Según La República este “juego” consiste en formar dos bandos. Uno formula una palabra secreta y da pistas a sus rivales para que la descifren, mientras golpean al otro bando sin clemencia. Perú 21 refiere que existen otros juegos como el shocking game’ (que consiste en estrangular a una persona hasta que pierda el conocimiento) y la ‘cuerda voladora’ (en el que se jala a otro muchacho con una soga hasta que este se arrastre por el suelo). El Comercio refiere que existe otro juego más como el avión en el que los menores deben hacer una seña para no ser golpeados cuando pasa un avión por el cielo.
Lo peligroso de estos juegos no es solo su violencia; sino que se realizan fuera de las aulas; lejos de cualquier vigilancia - Foto La República
Estos juegos distan mucho de ser nuevos. La mayoría de éstos son versiones remozadas y mucho más violentas de juegos que existían desde hace mucho tiempo. Apanados, matachola, la guerrilla, Callejón oscuro, etc. Estos juegos se dan porque la construcción de la masculinidad no ha cambiado, al menos no en mucho. En su libro XY La identidad masculina, Elizabeth Badinter refiere que el varón crea su sexualidad en oposición, es decir, deberá convencer que no es una mujer, no es un bebé, ni es un homosexual. Vale decir, él debe demostrar, a lo largo de su vida, que no está en ninguna de estas tres categorías. Estas ideas se instauran desde los juegos culminando en los  rituales de iniciación. Pensemos en los juegos infantiles (carritos, soldados, pistolas, armas, etc.) y en cómo demostramos que ya “somos hombres” (peleas, borrachera y debut sexual).
Como refiere el psicólogo Manuel Saravia estos juegos no son nuevos; son aprendidos a través de otros espacios como internet (mediante el aprendizaje vicario) en donde el adolescente busca tener mayor notoriedad, ser reconocido y aceptado por sus pares. Para esto, especialmente en los varones, el reconocimiento se une a la figura de quien aguanta mayor castigo físico, es decir, quien es más macho.
Para Manuel Saravia, las motivaciones de los adolescentes para practicar estos juegos radican en su necesidad de contacto y reconocimiento- reportaje Enemigos Públicos
Lo que preocupa sobremanera a los padres no es, necesariamente, que sus hijos varones practiquen estos juegos violentos; sino que salgan lastimados “gravemente” en ellos. Para los adolescentes es solo “un juego”, nadie quiere lastimar a nadie, “es su culpa de la víctima por no ser vivo”, “solo a los lornas les pasa eso”. Es decir no se visibiliza el problema en su magnitud- al menos no en la mente de los jóvenes, adolescentes y niños.
La solución al problema es integral y ahí justamente radica el poco éxito en combatirlo. Los padres no están informados sobre cómo enfrentar este problema. Muchos piensan que son cosas de chicos, que es parte de su crecimiento, que es necesario para que sean duros, fuertes, machos; o en todo caso que esa es responsabilidad de los profesores (una más de las tantas que deben realizar). Los profesores, de otro lado, no pueden vigilarlos a cada momento; y en caso pudiesen hacerlo, los alumnos buscaran otros espacios como la calle (que es donde se ha registrado estos casos). Los adolescentes siguen considerando estas prácticas un juego; lo cual refleja una imposibilidad de conmoverme con el dolor del otro. Finalmente los ministerios siguen enfrascados en sus problemas y limitaciones: Educación aún sigue sin aplicar soluciones reales al problema del Bullying, y para Salud los problemas mentales, al parecer no están en la agenda.
Tuya, mía, de él…este problema 8como muchos otros) siempre será de otro.
Demás está decir que mucho o todo lo que se pueda realizar depende de la educación y preparación de los padres, del dialogo y una mirada más empática. Muchas instituciones realizan escuelas para padres a los cuales ellos no asisten porque “es de noche” (y estoy cansado) o es el fin de semana (y voy a la pichanga con mis amigos o salgo a divertirme). Hay mucho que trabajar en nuestra sociedad sobre este tema, y dependerá de lo que nosotros exijamos a las autoridades y estemos dispuestos a colaborar y poner de nuestra parte.

lunes, 18 de junio de 2012

Dejarlos decidir…ese es el problema

Nuevamente surge el tema de “despenalizar” las relaciones entre adolescentes. Otra vez se escuchan voces a favor y en contra. Surgen nuevamente las antorchas, efectismos y cuestionamientos “morales”; incluso diciendo que se meterá en el mismo saco que las violaciones.
Hay que entender que la norma refiere a relaciones “consentidas”. Si se incurre en un delito, existen los mecanismos y se debe sancionar. En términos simples, no se está refiriendo a estos casos; sino a aquellos donde existe una pareja adolescente estable y reconocida por los amigos y la familia.
No es un secreto que el tema de la sexualidad molesta a demasiadas personas. Un grupo piensa que imponiendo sanciones se evita el problema de la sexualidad. “Te penalizo, te meto a la cárcel…adiós problema”. Según información de El Comercio: “La vigencia de la Ley 28704, que desde hace seis años penaliza las relaciones sexuales entre y con adolescentes de 14 años a menos de 18 años, no ayudó a reducir la tasa de violaciones sexuales en ese grupo de edad. Según datos de la PNP, en el 2006 se presentaron 2.875 denuncias por violencia sexual contra menores de estas edades y el 2008 la cifra se elevó a 3.524”- sin menciona la tasa de embarazo adolescente.
Penalizar no ha servido para disminuir los índices de embarazos ni de violencia sexual
El problema de fondo todavía sigue teniendo dos aristas muy marcadas: la sexualidad equivale a pecado; los adolescentes son “niños grandes”. Respecto al primer tema, algunos dirán no todas las religiones y sus representantes piensan así. Eso es verdad. Incluso dentro de la misma iglesia hay voces discordantes, las cuales han sido sancionadas por hacer públicas sus opiniones.
La moralidad no está en juego aquí. Si la persona piensa que solo debe tener relaciones sexuales después del matrimonio y cuidarse con métodos naturales porque su sacerdote o pastor lo dice está bien para él o ella y para su relación de pareja. El problema viene cuando su moralidad la impone para el resto, y niega las posibilidades de acceder a otras alternativas que no sea la suya. De hecho pensar que penalizando se evita los adolescentes tengan relaciones sexuales es un error; ellos ya las tienen  basta revisar los tonos peras y las peras malogradas.
Muchos adolescentes se tiran la pera del colegio o del instituto para “divertirse” y tener relaciones sexuales.
Muchos siguen considerando al adolescente un “hibrido”. No es un niño, por ende debe tener responsabilidades, pero tampoco es maduro, por tanto no debe acceder a todos los beneficios de la adultez. Tener responsabilidades y pocos beneficios no es algo agradable. Los adultos lo sabemos, los niños lo saben, ¿por qué no lo comprendería los adolescentes?  
Esto lleva a un tema que siempre es espinoso la educación sexual. Los padres prefieren que los maestros se encarguen; los maestros dicen que esto se enseña en casa o que los padres se molestan cuando un maestro/a toca el tema; la iglesia pide abstinencia y matrimonio primero; los adolescentes (medio en serio, medio en broma) dicen no quiero compromisos, solo pasarla bien. A la larga, los esfuerzos por brindar orientación completa, oportuna y entendible suelen venir de instituciones externas al Estado, más aún cuando se trata de temas de embarazo. La idea que prima en este razonamiento es que “dos adolescentes no están en condiciones de tener relaciones sexuales, aún siguen en un proceso de maduración y formación” Al parecer eso no molestaba a nuestros abuelos y abuelas que tenían hijos desde los 15 años… ¿Alguna diferencia? ¡Claro! Estaban casados. Ese papel te daba el desarrollo corporal y mental que necesitabas.
El matrimonio es una opción “libre”, que no exime a los adolescentes de los problemas de pareja.
La despenalización lo que busca es que estos adolescentes que ya iniciaron su vida sexual accedan a servicios de salud y eviten los riesgos de una sexualidad sin información ni orientación como infecciones, ITS como el VIH, embarazos no deseados, abortos clandestinos, riesgos de complicaciones en el embarazo, mortalidad adolescente, etc.  No es darle un condón y decirle “buena suerte”; es prestarle atención, orientarlo. Muchos adolescentes tienen miedo, y es natural. Otros tratan de “aparentarlo” mostrándose más resueltos/as, otros toman licor o drogas como marihuana para no pensar y solo divertirse. La sexualidad está ahí en la TV, la publicidad, en las novelas, etc.  
El dialogo sigue siendo un punto importante para darle más herramientas a tu hijo/a para que no actué por presión. Sin embargo, recuerda, la decisión que tome debe respetarse.
El despenalizar es un paso para corregir un error que se tuvo, pero con eso no acaba el problema. El fondo es más urgente: Educación sexual de calidad, sin juzgamientos morales, con información completa, en un lenguaje comprensible y oportuno.  

viernes, 4 de mayo de 2012

No hay trabajo malo, lo malo es tener que trabajar

El Chavo del Ocho es una de las series más entrañables que podrá existir. Sus personajes son una fuente inacabable de filosofías de vida y modos de vernos a nosotros mismos y a la sociedad en su conjunto. Dentro de los personajes más entrañables, a mi parecer, está Don Ramón o Monchito; interpretado magistralmente por Ramón Valdez. Don Ramón era muchas veces héroe y antítesis. No trabajaba, pero era quién más se conmovía de la pobreza del Chavo (siendo un poco menos pobre que este último), pero también lo agarraba a coscorrones – y podría seguir enumerando figuras harto conocidas, aunque me alejaría del tema en cuestión.
Don Ramón un icono para el análisis social
Este personaje fue un mil oficios (boxeador, ropavejero, barbero, vendedor de churros, de periódicos, pintor, albañil, y un largo etcétera) Su frase “No hay trabajo malo, lo malo es tener que trabajar” quizá encierre más significados que el solo pensar que era un flojo. Pensemos en el lugar donde nos gustaría trabajar, imaginemos que características físicas, de trato entre jefes y empleados debería tener. Ahora levante su vista y fíjese si se halla en un lugar idéntico al que imagino, quizá muy parecido, ¿algo parecido?, o por el contrario es más parecido a su peor pesadilla laboral.
Great Place to Work es una empresa de investigación, asesoría y capacitación laboral. Ellos publicaron una lista de los mejores lugares para trabajar en Perú. Esta preocupación no es solo de esta empresa. Otras también están invirtiendo tiempo (y dinero) en la investigación de aquellos motivadores e inhibidores que hacen que los empleados sean creativos, leales y productivos.
En muchas partes del mundo, y también en nuestro país, muchas empresas han tomado en serio el brindar un espacio donde los trabajadores (que muchas veces trabajan más de ocho horas diarias) se sientan cómodos, escuchados y valorados. Algunas acciones muy puntuales llevan a que estas personas sean defensores del lugar donde trabajan (los famosos “camiseta”), otorguen ese extra que fascina a todo empleador y que si les ofrecen más dinero pues consideren que si bien no ganarán tanto como con la otra propuesta, la empresa donde trabajan les ofrece mucho más como un ambiente agradable, capacitaciones, flexibilidad, buen trato, apoyo a las iniciativas, etc.
Inés Temple, una de las profesionales que más ha trabajado el tema laboral, en su blog Administra tu carrera y tu marca personal. En este espacio desarrolló el tema de los mitos y realidades sobre la movilidad laboral. Los mitos uno, seis, siete y ocho abordan esta perspectiva haciendo énfasis en la importancia de la capacitación, de cambiar mentalidades (no conformarse) y no todo es dinero en una oferta laboral (aunque es importante). Es decir cuide a su personal, no todo es dinero, escúchelo, valórelo, sea flexible; trátelo como quisiera que lo traten a usted.
100% recomendado. Inés temple es una de las profesionales que más trabaja el tema laboral tanto desde la óptica del empresario como del empleado.
Pues regresando a “Monchito” quizá su frase encierra un sueño, una visión a lo Star Trek en donde las personas no trabajan por dinero; sino en aquello donde se sentían cómodas, en lo que les produzca placer. El trabajo nos engrandece y dignifica. Quizá lo malo es tener que trabajar en un lugar que no nos satisface. Como dicen “Hay que trabajar para vivir y no vivir para trabajar”, y menos cuando este sitio nos convierte en personas infelices. Tal vez escuchando, siendo empático, mirando (en vez de juzgar) pueda lograr cambios; siempre queda pedir asesoría profesional, porque la fuga de sus talentos no siempre se debe a que les ofrecen más dinero.
Vida larga y prosperidad….y no les doy otra nomás porque hay que guardar material para otro post.

viernes, 27 de abril de 2012

Socialmente saludable

Hace unos días revisaba los comentarios sobre un tema que, al parecer, sigue tocando fibras sensibles en la “intelectualidad” limeña. Pablo Quintanilla en un artículo en Diario 16 se animó a expresar los orígenes y usos de la palabra  “caviar”. El artículo encendió la pradera, en especial por las discusiones entre Quintanilla y Aldo Mariátegui quien usa esta palabra en todas las formas peyorativas posibles (busque el artículo en su diario y no lo halle); a lo cual hubo las respectivas contra respuestas de Quintanilla y de otros criticándolo.
Al margen de los odios o afectos personales, este “debate” me dejó interrogantes que comparto esperando puedan ver en ellas puntos de reflexión.
Existen diversos estudios sobre la realidad nacional, la discriminación o la desigualdad. ¿Cuánto sabemos de la realidad nacional de un país? ¿Cuántos se han sentado a compartir en un banco de adobe un poco de la leche que otorga los organismos del Estado? ¡Ojo! No hablo crítica social; simplemente de conocimiento. Existen muchos lugares de los cuales no conocemos ni el nombre y mucho menos de sus necesidades. Sin embargo, seguimos arrumando informes de situación, que para algunos son una fuente inacabable de vivir de un Estado que “busca diagnosticar, pero nunca se anima a operar al paciente”.
Parte de la critica que se hace a los llamados “caviares” es que son solo intelectuales o se la dan de intelectuales con un discurso armado, pero que en el fondo siguen “filosofando” sobre la realidad de un país en una playa de Asia o un la piscina de un club privado con whisky en la mano. Perfecto, ese tipo de “máscaras” son totalmente criticables.
En alguna playa privada piensan: “que triste debe ser la vida del pobre”. 
Sin embargo, me pregunto si aquellos que critican y etiquetan a los “caviares”, que festejan con likes y mofas sobre el pensar han empezado a subsanar la incoherencia que detectaron en los primeros; y claro la pregunta también va para los mismo que se autodefinen como pensadores de los pobres  ¿Solo me contento con decir que el otro está sentado en un montón de estiércol? ¿Para qué debo decirle? Me pregunto cuánto nos hemos decidido a intervenir en el mundo real al margen de nuestra posición ideológica para que la situación cambie, a menos que estemos felices que siga así porque a nosotros nos va bien en la vida.
En muchos casos, de uno y otro lado, me he encontrado solo críticas, pero no con propuestas. A lo que voy, es que al margen de los discursos hemos perdido la capacidad de “conmovernos” por el otro. Atrás quedan los desastres excepcionales que “despiertan la solidaridad” (si es que lo hacen) Animalistas, personas que hacen risoterapia a pacientes terminales, personas que enseñan a leer a otros, voluntarios en hospitales, personas que enseñan con la música… cada vez se observa una lista más amplia de personas que optan por tomar al toro por las astas en vez de esperar que el Estado o el Sistema Económico inserte a los que no tienen ninguna oportunidad.
Finalmente, más allá de quién es ideológicamente correcto, ¿cuántos de nosotros dejamos el like de una página web y comenzamos a cambiar nuestro entorno?  En una labor puntual, en algo que vaya más allá de un beneficio personal material. Creo que no pensamos en ello porque estamos cómodos, adormilados en nuestras propias necesidades, totalmente válidas y justificables, pero sin mirar un poquito más allá de nuestras propias anteojeras. Quizá desde que nos impusieron la independencia no hemos hecho ningún ejercicio por integrarnos como país, las elecciones pasadas lo demostraron, somos intolerantes, no vemos si hay una idea rescatable en el contrario, no avanzamos; hacemos que el otro se atrase. Como pueblo aún nos falta muchísimo por crecer porque quizá lo socialmente saludable sea no pensar en el otro; sino en uno mismo.

viernes, 30 de marzo de 2012

Otro ladrillo en la pared…sí importa

Hace unos días las noticias dieron cuenta de la muerte Daniel Zamudio, a causa de la brutal golpiza propinada por un grupo de neo nazi que lo atacó porque era homosexual. En su barrio, en la capital Santiago, en el mundo (a través de las redes sociales) se dieron distintas muestras de manifestación en contra de la intolerancia y el odio.
En Lima, hemos observado los casos de tres mujeres agredidas o asesinadas por sus parejas. Un portal de noticias  publicó las “declaraciones” de una ONG sobre la aparición de un transgénero en el horario de protección al menor. La ONG desmintió y aclaró la tergiversación que hizo el medio de sus declaraciones a través de un comunicado.  
Educamos a nuestros hijos diciendo “nadie debe tocarte ni golpearte”, pero “cuando es necesario” les damos una palmada, pellizco, un golpe “correctivo”. En silencio decimos “qué salvaje”, “pobre criatura” o “la madre tiene razón”. Luego vemos en las noticias que a una madre “quemó las manos, la cara o golpeó a su niño/a” su excusa “se me pasó la mano, es muy inquieto, quería corregirlo”.
Cada día aumentamos las cifras de los ataques contra ciudadanos, y no protestamos ante ello. De una u otra forma somos parte de los intolerantes.
Todas estas situaciones tienen un mismo punto de partida: la educación. No es un secreto que nuestra educación tiene varias carencias como los bajos sueldos de los profesores, mala infraestructura, poco compromiso de los padres, la poca preparación en temas como inclusión, sexualidad, la desidia política de los gobiernos de turno y del gremio de educadores (SUTEP) y un larguísimo etcétera. Sin embargo ¿Cuánto de esto nos toca a nosotros como individuos?   
La carta redactada por el blogger Felipe Mercado, sobre la muerte de Daniel Zamudio, nos golpea en la cara; nos enrostra nuestro grado de culpabilidad, nuestro silencio cómplice, nuestra intolerancia- al margen de toda la culpa que tienen los políticos populistas, las iglesias conservadoras o la educación poco inclusiva.
Femicidio, homofobia. A la larga hablamos de poder, de control. Nuestra sociedad se está volviendo cada vez más caradura y doble moral en su discurso.
La educación empieza en casa, se asienta en la escuela y se perfecciona en la universidad o instituto. Pues bien hagamos un ejercicio: ¿Cuántas veces en casa nos hemos reído de personajes que usan los estereotipos del homosexual “loca” o de la lesbiana “machona”? ¿Cuántas veces hemos acosado al débil, al distinto/a en el colegio? ¿Cuántas veces le hemos tirado la pelota para evitar sufrir el ataque nosotros/as? ¿Cuántas veces no hemos enseñado a nuestros alumno/as a mirar la comunicación (publicidad o periodismo) de manera efectista y sensacionalista?  ¿Cuántas veces no les hemos invitado a mirar más allá de su público objetivo, de educar, de mirar críticamente qué tipo de avisos o reportajes producen? ¿Cuánto la pedimos que se informen (a conciencia) sobre el tema y sus aristas? ¿Cuánto nos hemos informado nosotros?
La educación sigue siendo la gran promesa. Sin embargo, pensemos, desde nuestra propia trinchera, cuánto contribuimos a perpetuar estos estereotipos, a la intolerancia, a la desinformación, a la broma fácil, al reportaje sensacionalista o la campaña publicitaria que perpetua situaciones de violencia, bulliyng o machismo.
“Repite, ignora, obedece”. Este video plantea la gran pregunta del tipo de educación que queremos tener.
Ciudadanos somos todos y todas. Todos podemos, y debemos, exigir mejoras y cambios. Todos tenemos el poder de apagar un televisor, negar nuestra sintonía a un programa por su tipo de humor, no comprar una marca, no seguir un canal de TV, radio o prensa por su estilo de reportajes. Una raya más o un ladrillo más en la pared sí importa cuando esa raya es nuestro hermano, amigo o hijo; pero cuando es un desconocido solo sube un poco nuestro nivel de enfado, quizá vociferamos a la tribuna…y continuamos con nuestra vida, con nuestra costumbre riendo con el mismo programa, viendo el mismo tipo de noticias, enseñando el mismo estilo de producir mensajes…porque es fácil, porque no nos cuestionamos, porque no nos toca. Un ladrillo más en la pared señores sí importa porque el muro se vuelve cada vez más grande y nos caerá encima; aplastando nuestros cuerpos o nuestras mentes (como ya lo viene haciendo)